HABILIDADES PARENTALES

 

TERAPIA HABILIDADES PARENTALES

A  nuestro Centro, diversos juzgados de familia, la OPD (organización de protección de la infancia), Abogados de estudios jurídicos  de familia y particulares,  nos han encomendado la tarea de realizar Evaluaciones de Personalidad, Evaluar  Competencias Parentales y en el caso de ser necesario realizar Terapia de Habilidades Parentales.

Una vida adulta más plena estaría determinada por  factores protectores de la  primera infancia, como  el apego seguro, la estimulación temprana en lo afectivo, sensorial y motor, por lo tanto  reconocer y desarrollar los factores protectores podrían hacer la diferencia en la vida de una persona.

Las dinámicas relacionales deberían estar fundadas en la capacidad de generar control parental estableciendo límites,  construyendo vínculos saludables y seguros, cuidando y potenciando el desarrollo biológico, psicológico y social de los niños.

Sugerir custodia,  medidas de visita o  una medida de protección, no es una tarea fácil. Hay que contar la mayor cantidad de información e intervenir de la forma más adecuada para cada caso, antes de aconsejar una decisión tan transcendente en la vida de un menor.

La Convención Internacional de los derechos de los niños busca garantizar el bienestar, la salud y el desarrollo sano de los niños al procurar que tengan el máximo de oportunidades para desarrollarse sanamente. Una garantía de lo anterior sería una adecuada  parentalidad 

Centrar el diagnostico en lo que el niño dice, en vez de evaluar las capacidades de los adultos, es injusto y revictimiza al menor. El mal trato sería consecuencia de la incapacidad de los adultos por diversas circunstancias, como características de personalidad, vivencias, etc.

La teoría sistémica familiar y la psicología del desarrollo se han combinado para ir más allá de la díada "madre-hijo(a)" a la tríada "madre-padre-hijo(a)", postulando que el niño(a), desde el momento de su nacimiento, está expuesto e inserto en contextos relacionales más amplios que estrictamente diádicos, y que a partir de los tres o cuatro meses de edad es capaz de distribuir su atención entre ambos padres, de manera que las relaciones triangulares se vuelven parte importante en su desarrollo.

Cuando la tríada logra una interacción de calidad, se postula que presenta una "alianza cooperativa", la cual describe a familias cuyos miembros participan, logran coordinarse "suficientemente bien" en torno a una tarea conjunta, respetan sus roles e intercambian afectos positivos.

La "alianza conflictiva", por su parte, describe a familias cuyos miembros compiten, lo que se expresa a través de un conflicto que puede ser abierto o encubierto. Los padres no son capaces de coordinarse "suficientemente bien" para llevar a cabo la tarea, interrumpiéndose, provocando quiebres en la interacción y compitiendo por obtener la atención del niño(a).

Por último, la "alianza desorganizada" describe a familias que muestran interacciones que se caracterizan por la exclusión de uno de sus miembros y que a pesar de sus esfuerzos, no logran coordinación, cohesión ni contacto emocional entre sí.

Ha sido ampliamente reportado en investigaciones que la presencia de sintomatología depresiva en las madres disminuye sus niveles de reciprocidad, sincronía y coordinación con su hijo(a), comprometiéndose la capacidad diádica y tríadica que permite la regulación afectiva. Asimismo madres que presentan altos niveles de estrés refieren sentirse sobrepasadas frente a las demandas de sus hijos(as), estando menos disponibles para responder a sus necesidades.

Si bien el padre ha sido significativamente menos estudiado que la madre, su presencia tiene un impacto en las conductas de cada miembro de la díada madre-hijo(a) y en la calidad del intercambio emocional.

En relación con la presencia e involucramiento del padre, algunos estudios han planteado que esta varía de acuerdo a la relación que tenga el padre con el niño(a), su capital humano, su bienestar psicológico y fuentes de soporte social y estrés Por ejemplo, padres con mayor nivel educacional y cultural, son más capaces de proveer a sus hijos e involucrarse con ellos, mientras que padres con mayor sintomatología depresiva y estrés muestran mayores niveles de hostilidad, rechazo y estimulación inadecuada.

Si bien, son múltiples los factores que pueden incidir en la funcionalidad o disfuncionalidad de la alianza familiar, son aquellos aspectos más cercanos al individuo los que parecen incidir de manera más directa, de manera tal que la salud mental de los padres, resulta un factor relevante a considerar en la evaluación de las interacciones familiares.

 

 

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