Tercera edad
Acompañamiento psicológico para la tercera edad, con respeto y sin prisa
La tristeza, la soledad o el desánimo no son “parte normal de envejecer”. Son señales que merecen ser escuchadas — para ti, o para alguien que quieres.
Lo que se nota
Cuándo la vejez deja de vivirse en paz
Esta etapa trae cambios, pero hay señales que no conviene normalizar. Si reconoces varias —en ti o en un ser querido—, vale la pena consultar.
En el ánimo
- Tristeza o desánimo que se sostiene en el tiempo
- Pérdida de interés en lo que antes disfrutaba
- Sensación de inutilidad o de “estorbar”
En la memoria y la mente
- Olvidos o confusión que preocupan
- Dificultad para concentrarse o decidir
- Miedo al deterioro cognitivo
En el día a día
- Reducción de contactos y vida social
- Abandono de actividades y rutinas
- Descuido del sueño, la alimentación o el autocuidado
Lo que suele estar detrás
Las transiciones que más pesan en esta etapa
No es debilidad ni “mañas de la edad”. Son cambios reales que, acompañados, se viven distinto.
Jubilación y pérdida de rol
Dejar de trabajar trae alivio, pero también un vacío: la identidad, la rutina y el sentido de utilidad cambian de un día para otro.
Duelos de esta etapa
La pérdida de la pareja, de amistades o de la propia salud se acumula. Cada duelo necesita su espacio, sin apurarse ni “hacerse el fuerte”.
Soledad y aislamiento
La red social se reduce y los días se vuelven silenciosos. La soledad sostenida pesa en el ánimo y también en el cuerpo.
Cambios físicos y miedo al deterioro
Las limitaciones funcionales y el temor a perder autonomía o memoria generan angustia. Ponerlo en palabras cambia cómo se vive.
Cómo trabajamos
Acompañar el sentido, no “ocupar el tiempo”
No buscamos reactivar a la fuerza ni llenar la agenda. Trabajamos lo que cada persona quiere para esta etapa, a su ritmo.
Reordenar los pensamientos de descarte — aflojar las ideas de “ya no sirvo” o “es tarde para mí” que el entorno y la propia etapa refuerzan.
Revisar la historia de vida — recuperar y revalorizar lo vivido, integrar las pérdidas y darle un sentido propio a esta etapa.
Trabajar la autocrítica con compasión — reducir la vergüenza frente a la dependencia o a pedir ayuda, activando un trato más amable contigo.
Adaptar el ritmo de cada sesión — sesiones sin prisa y con lenguaje claro; presencial en Providencia o por videollamada con una plataforma sencilla.
Evaluar y derivar cuando la memoria preocupa — hacemos una evaluación psicológica inicial y, de ser necesario, coordinamos con el especialista médico (neurólogo o geriatra).

L-V 10:00-21:00 · Confidencial, sin compromiso previo
Una distinción que importa
Sentirse solo no es lo mismo que estar solo
Aislamiento social
Es algo objetivo: tener poca red de contacto o pocas interacciones. Se puede medir y no siempre duele.
Soledad emocional
Es subjetiva: sentir que faltan vínculos cercanos y significativos. Se puede estar rodeado de gente y aun así sentirse profundamente solo.
Distinguir cuál de las dos pesa más es parte del trabajo terapéutico: el camino para una y para otra es distinto. En la consulta, empezamos por escuchar.
Preguntas frecuentes
Dudas frecuentes antes de pedir ayuda
También puede ayudarte
Da el primer paso
El envejecimiento merece vivirse con dignidad y compañía
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